Una joya inesperada
En uno de esos días en los que necesitas parar para comer, de camino a alguna parte, decidimos hacer una parada en Ocaña tras consultar en internet algún restaurante al que nos dejaran entrar a Duna y a mi acompañando a nuestras humanas.
El sitio en cuestión era el Restaurante Museo Tenería, del que pudimos leer muy buenas opiniones en internet y del que podemos decir, después de probarlo, que no nos extrañan para nada las buenas opiniones.
Al llegar pudimos aparcar sin ningún problema en la misma puerta del restaurante. A pesar de que tiene un parking propio, no nos hizo falta utilizarlo.
Desde el primer momento, el recibimiento y el trato fue muy agradable. Nos acompañaron hasta un bonito patio interior en el que estábamos solas, para que Duna y yo pudiéramos estar más tranquilas sin el ruido de la gente que estaba comiendo en el comedor. En cuanto estuvimos acomodadas en nuestra mesa nos sacaron un cuenco con agua para poder beber y nos hicieron unos mimitos y unas caricias.
Después, el chef del restaurante, un señor muy agradable y por lo que pudimos comprobar muy animalista, les explico con mucho detalle a nuestras humanas los platos que les recomendaba probar. Se notaba, por su forma de explicar los platos, que sentía verdadero amor por su trabajo y eso siempre es garantía de calidad.
Nos sentíamos realmente a gusto en aquel patio y, a pesar de estar solas, estaban muy pendientes de cualquier cosa que pudiéramos necesitar.
Tras decidir los platos y las bebidas que más les apetecían a nuestras humanas, todo empezó a servirse de forma fluida y rápida, sin sensación de espera entre platos. Todo estaba delicioso y mientras ellas disfrutaban su comida, a Duna y a mi nos dejaron probar cada plato.
Después de los postres y los cafés, el amable y profesional chef, les invito a unos chupitos y se sentó a conversar con nuestras humanas un ratito. La conversación era tan agradable que, a pesar de haber terminado de comer, no sentíamos ningunas ganas de irnos.
Sin duda, el Restaurante Museo Tenería es una de esas joyas que se pueden encontrar en los lugares más inesperados. Un sitio totalmente recomendable para disfrutar de las cosas bien hechas.




